Los juegos olímpicos de Atenas en 1896 se consideran como la primera convocatoria de la cita olímpica en los tiempos modernos, gracias a las gestiones realizadas por el Barón Pierre de Coubertin, pero lo cierto es que los primeros juegos de la era moderna se celebraron también en Grecia pero treinta y siete años antes, en 1859.
El interés por reanudar la celebración de los juegos olímpicos surgió tras las excavaciones realizadas en las ruinas de Olimpia a partir de 1829 por el gobierno francés en la época en la que Grecia trataba de independizarse del dominio turco.
Los gobiernos francés primero y el alemán después en 1875 mostraron gran interés en dichas excavaciones, las cuales no finalizaron hasta 1881. Las excavaciones ayudaron a extraer conclusiones respecto a como se desarrollaban los juegos olímpicos en la antigüedad a parte del espíritu que motivaba dicha competición.
Antes que Coubertin, un comerciante griego, Evangelios Zappas, se apasionó con la idea de revivir la cita olímpica, inspirado en los ideales de Alexandros Soutsos, un poeta romántico griego que se convirtió en el primer ideólogo en la lucha por la reanudación de los juegos olímpicos.
Zappa propuso a las autoridades griegas colaborar en la organización y financiación, pero sus iniciativas no fueron respaldadas. A pesar de esto y gracias a sus esfuerzos personales se celebraron en Grecia los primeros juegos olímpicos o Hellenodicai en noviembre de 1859.
La cita se repitió en noviembre de 1870 y en mayo de 1875 y de 1889, pero estas citas no tuvieron mucho éxito al subestimarse en la época la importancia de Grecia y por la falta de capacidad organizativa de su mecenas.
Zappa murió en 1865 dejando al estado griego una inmensa fortuna destinada a la organización de las olimpiadas modernas. Quería que las Olimpiadas se celebraran cada cuatro años “en la memoria de nuestros ancestros”.
En 1890 se realizó otra propuesta previa a los actuales juegos olímpicos, la Olimpiada anglosajona de Astley Cooper, pero la iniciativa que realmente cuajó fue la del Barón Pierre de Coubertin, de la que hablaremos en otra ocasión.
Continuará …
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