El apoyo tiene que garantizar que la columna vertebral no pierda su posición normal, que está diseñada para descargar el peso hacia el apoyo de una manera equilibrada y sin generar problemas en la espalda.
Los asientos que utilizamos normalmente presentan 2 superficies de apoyo. El apoyo donde posamos nuestras queridas posaderas y otra superficie en la que apoyamos la espalda. En algunos casos, como las sillas de oficina, tienen también apoyo para los brazos.
Según el tipo de asiento, los ángulos que tienen las 2 superficies de apoyo varían, así como la forma y dureza de la superficie.
Pero para sentarnos no necesitamos más que la superficie inferior. El apoyo de la espalda sirve para facilitarnos la labor y hacernos la postura más cómoda y descansada, pero más que una ventaja en algunos casos se puede convertir en un inconveniente.
En principio, cuando apoyamos la espalda en el respaldo nos relajamos y nuestra musculatura deja de realizar su trabajo para mantener la postura. Esto hace que nos hundamos en el asiento, lo que produce tensiones y deforma la postura y las curvas naturales.
Por otro lado, el peso del cuerpo no se descarga sólo verticalmente, sino también sobre el respaldo. Este reparto de peso hace que el recorrido descendente del peso no siga la trayectoria más conveniente para la columna vertebral.
Estos inconvenientes hacen que la postura sentada no de pie a tanta relajación. El respaldo trasero no es preciso para estar sentado, y su uso solo es conveniente si tiene las características adecuadas.
Continuará …
Artículos de la misma serie
- La postura sentada (I): Importancia de los gestos cotidianos
- La postura sentada (II): Aspectos generales
- La postura sentada (III): El apoyo y los respaldos
- La postura sentada (IV): El respaldo
- La postura sentada (V): El apoyo de los asientos
- La postura sentada (VI): El apoyo de los asientos 2
- La postura sentada (VII): Los hombros cuando estamos sentados





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