
El mejillón muestra una capacidad enorme para el filtrado de agua, la cual le permite bombear casi ocho litros de agua a la hora.
Esta prodigiosa capacidad para el filtrado del agua convierte al mejillón en un poderoso depósito de todas aquellas sustancias que se encuentran disueltas en el agua de su entorno, tantos de las nutritivas como de las nocivas.
Por eso es muy importante que el mejillón destinado al consumo humano no sea capturado en aguas contaminadas. En cualquier caso, la mayoría de los mejillones que encontramos en el mercado provienen de la cría en cautividad, en cuyo caso la calidad del agua está controlada.
La acuicultura es necesaria para mantener la oferta constante de este molusco porque se trata de una especie de temporada que no debería ser capturada durante todo el año, de ahí que los mejillones mariscados de la costa al natural suelan ser más caros.
Pero no es necesario consumir los mejillones al natural si lo único que queremos es aprovechar sus propiedades nutricionales, ya que estas también las podemos conseguir cuando consumimos el mejillón en conserva.
A nivel nutricional, el mejillón está constituido en sus cuatro quintas partes de agua, siendo el resto de su composición básicamente proteica (unos once gramos por cada cien gramos de porción comestible), de ahí que se pueda clasificar como un alimento proteico, aunque aporte menos proteínas que el resto de los moluscos.
Su porcentaje de grasas no alcanza el 2%, de ahí que pueda ser considerado así mismo como un alimento hipocalórico (aporta una 67 calorías por cada 100 gramos de mejillón comestible).
Continuaremos …




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