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El ácido graso omega 3 ayuda a descender el nivel de colesterol en sangre, así como a reducir la viscosidad de la sangre, lo cual contribuye a la prevención del riesgo de sufrir una trombosis.
Así mismo, las nueces aportan ciertas cantidades de proteínas, fibra e hidratos de carbono a la dieta, aunque a un nivel más discreto.
Por otro lado, las nueces son los frutos secos más ricos en polifenoles, que son los antioxidantes de mayor calidad, siguiendo los estudios del Dr. Joe Vinson, de la Universidad de Scranton, EEUU.
Los polifenoles nos van a proteger ante enfermedades crónicas derivadas de la edad, gracias a su potencial para controlar los radicales libres.
El efecto antioxidante de las nueces también queda enriquecido gracias a la presencia de vitaminas A, E, y C en dicho fruto seco. El aporte de vitamina C en las nueces es muy reducido, aunque resulta llamativo ya que los frutos secos no suelen contenerla.
Sin embargo, la proporción de vitamina E que podemos encontrar en las nueces las convierten en un auténtico regenerador para nuestro organismo.
Además, las nueces son especialmente ricas en vitamina B, especialmente B1, B6 y Ácido Fólico, lo que las convierte en un alimento muy útil para personas que sufren depresión, estrés y fatiga.
Respecto a su contenido en minerales, las nueces representan una fuente de Calcio, Magnesio, Fósforo, Potasio, Zinc, Cobre y Hierro para el organismo.
Seguiremos …




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