
Si acumulamos repeticiones de este mismo tipo de esfuerzo, con muy poca recuperación (es el caso que nos ocupa), la energía progresivamente se va a ir consiguiendo por vía aeróbica, pues al prolongarse la duración total del entrenamiento, se van activando estos sistemas por mantenerse la frecuencia cardiaca en un promedio alto (más de 150 p/m), a pesar de los períodos de inactividad.
Esto sólo afecta al aporte de energía cuando llevamos más de 20 segundos aproximadamente, ya que los primeros segundos de cualquier esfuerzo se cubren con los depósitos de fosfatos que tenemos en el músculo, y que aunque se agotan muy rápidamente, perfectamente se recuperan en este tiempo de recuperación tan corto.
Con esta forma de entrenamiento se mejora la coordinación de movimientos intensos (rápidos y fuertes) frente a la fatiga por exceso de ácido láctico o por el agotamiento de los depósitos de fosfato muscular.
Psicológicamente el deportista se endurece y se prepara para soportar las sensaciones moletas y las condiciones más difíciles.
El método interválico se puede aplicar de 2 formas principalmente en función de cómo se ajusten los parámetros:
- Interval extensivo: Es el modelo descrito hasta ahora. Es la versión más moderada del método y permite aplicarse con más volumen de trabajo. Se utilizar por eso para sentar unas bases de resistencia antes de aplicarse cualquier método de trabajo más intenso.
- Interval – intensivo: Tiene rasgos que lo diferencian claramente de la otra forma. Se considera como una evolución del anterior cuando pretendemos intensificar nuestra preparación y llevar nuestras capacidades al límite.
En un próximo capítulo hablaremos de esto con más profundidad.





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