
Por eso en los deportes en los que se busca la mejora de la fuerza relativa se organiza el entrenamiento para buscar el mínimo crecimiento muscular posible dentro de la mejora de la fuerza.
Así al correr, saltar, trepar, etc nos interesa desarrollar nuestra fuerza, pero también pesar lo menos posible.
Sin embargo en los deportes de fuerza como en las distintas disciplinas de lucha, la halterofilia en los que un mayor peso corporal nos puede beneficiar, se establecen categorías de peso para evitar que el exceso de peso sea un elemento desequilibrante, porque en boxeo un peso mosca jamás tendrá nada que hacer con un peso pesado.
De esta manera, igualando pesos obligamos al deportista a aumentar también sus niveles de fuerza relativa respecto a sus competidores para poder ganar ventaja, aparte de tener que enriquecer su repertorio técnico, táctico y estratégico.
Por eso es difícil encontrar, salvo el sumo, algunos puestos especializados del rugby orientados a cargar en las melés, así como en la práctica del culturismo (aunque en este caso la finalidad es simplemente estética), y seguro que alguna especialidad más que ahora mismo no se nos ocurre, una actividad deportiva que fomente el crecimiento indiscriminado del peso como fórmula para ganar ventaja competitiva.
La mayoría de las actividades físicas necesitan aplicar la máxima fuerza con el mínimo peso posible porque en general la fuerza no se aplica aisladamente, y el aumento de peso también perjudica otras capacidades como la agilidad y la resistencia, a parte de ser problemático para la salud a largo plazo.
Continuaremos …
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