
El sentido de un deporte cíclico está en la búsqueda del máximo rendimiento en una forma de locomoción, y por eso es preciso que se conserve el nivel de competitividad para mantener el interés en dichas pruebas.
En este sentido, en los deportes cíclicos se establecen distintas categorías en función de edad y sexo para garantizar una mayor igualdad entre los participantes.
Por otro lado, las categorías nos sirven para poder establecer adaptaciones a la prueba, para que su duración y condiciones estén adaptadas a las posibilidades fisiológicas del individuo (los niños por ejemplo suelen participar en variantes mucho más reducidas que los adultos).
La lucha por el record es otra de las motivaciones naturales de estas pruebas en ese afán de búsqueda de los límites naturales del ser humano, lo que requiere una rigurosa homologación de la actividad para que los resultados obtenidos por los competidores se puedan considerar como referencia respecto a la que comparar otros.
Los distintos reglamentos establecen con precisión la normativa en la que se tienen que desarrollar las competiciones, pero cuando queremos homologar las marcas obtenidas en un lugar para compararlas con las conseguidas en otro lugar y momento, es preciso que ambos recorridos presenten las mismas condiciones, y eso sólo es posible cuando hablamos de instalaciones específicas homologadas (pistas de atletismo, piscinas, etc).
De esta manera, tan sólo los records conseguidos en instalaciones que cumplen con todos los requisitos se pueden homologar, por lo que una instalación deportiva tiene que pasar por este proceso de verificación antes de poder acoger una competición de carácter internacional o nacional incluso.
Continuaremos …





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