Mecanismos y cualidades de la agilidad en el deporte

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En anteriores artículos hablábamos de la experiencia motriz como un factor determinante en el nivel de agilidad de un individuo, porque la respuesta motriz de adaptación a una situación concreta, si bien no se resuelve con movimientos aprendidos, si es cierto que se apoya en estos. Sirva como ejemplo de esto, la aplicación de un tipo de voltereta aprendida, para resolver la caída causada por un tropiezo.

En este sentido, la respuesta elegida va a depender en cierta medida de los mecanismos de decisión del individuo, los cuales van a valorar que opción de movimiento es más interesante para conseguir el objetivo.

Dicha elección va a estar influenciada por el nivel de riesgo que traiga consigo el movimiento a realizar. Así por ejemplo, un movimiento tan sencillo como andar sobre un tablón apoyado en el suelo, se convierte en una tarea tremendamente compleja si este tablón está fijado en un andamio a veinte metros de altura.

Por otro lado, un adecuado nivel de percepción resulta esencial para ajustar los parámetros de un movimiento a los requisitos de cada situación. Así por ejemplo, cuando queremos superar un obstáculo saltándolo, necesitamos percibir visualmente su altura, para poder ajustar la intensidad del salto a realizar, la distancia a la que encoger las piernas para salvarlo si es preciso, y el lugar donde voy a apoyar los pies para empezar a amortiguar la caída, etc.

Este mecanismo perceptivo adquiere más importancia en la medida que la respuesta tenga que ser más inmediata, es decir, si está condicionada por el tiempo, como ocurre por ejemplo en los deportes de adversario (tenis, luchas, etc), colectivos (fútbol, voleibol, etc), y en todos aquellos en los que haya que considerar algún elemento externo a la hora de movernos (pelotas, etc), en los que tenemos que nuestro comportamiento está condicionado constantemente por la actividad de nuestros adversarios, los cuales tratan de sacar ventaja anticipándose a nuestros gestos.

Cualidad psico-física

En estas actividades en las que los mecanismos de decisión y percepción cobran tanta importancia, la velocidad de respuesta se convierte en un factor desequilibrante, ya que nos brinda una mayor iniciativa que nuestros adversarios.

Por eso en estas actividades, la experiencia permite el desarrollo de habilidades anticipatorios, las cuales permiten adivinar o intuir que movimientos va a realizar el contrario a partir de ciertos indicios en su comportamiento, gracias a lo cual podemos empezar a articular la respuesta a su iniciativa antes de tiempo, y con ello conseguir neutralizarla si conseguimos que la respuesta se produzca en el momento adecuado.

Sin embargo, la pericia de un futbolista en su deporte no tiene porque ayudarle a responder anticipadamente en otro tipo de deportes, por lo que no habría que confundir las habilidades específicas para la anticipación adquiridas en un deporte concreto con la agilidad, que es una capacidad general que nos puede ayudar a responder a cualquier situación; aunque si que es cierto que a través de la práctica de una actividad deportiva podemos mejorar nuestro nivel general de agilidad.

La agilidad es por tanto una capacidad que no depende sólo de los factores físicos, sino también de los psíquicos, por lo que se la puede clasificar como cualidad psicofísica a través de los que nos adaptamos con el entorno por medio de nuestro cuerpo.

En relación con los factores físicos, la agilidad requiere un buen nivel de condición física para poder manifestarse sin limitaciones en los movimientos, ya que la exigencia de las situaciones puede llegar a ser máxima.

Cualidades físicas implicadas

En este sentido, el buen nivel de agilidad requiere:

Velocidad reacción: Para responder con la máxima rapidez a las exigencias.

Velocidad: Hay ciertos movimientos, como los saltos, giros, etc que solo son posibles en la medida que nuestros músculos pueden contraerse con ciertos niveles de explosividad, gracias a la cual podemos construir gestos deportivos caracterizados por la velocidad y la potencia.

Flexibilidad: El grado de movilidad del individuo no puede suponer una limitación a la hora de realizar ciertos movimientos. En una carrera de vallas es muy difícil realizar el paso de una valla con cierta efectividad sin ciertos niveles de flexibilidad, compensando estas carencias con un gesto menos competente como sería el salto de la valla.

Por otro lado, en la medida que las articulaciones gozan de un nivel de movilidad superior al solicitado en los movimientos, la musculatura va a poder trabajar de una manera menos forzada y por lo tanto con una mayor soltura, lo que se refleja en movimientos más precisos y económicos.

Coordinación: No solo en la organización de las distintas partes del cuerpo para la ejecución del movimiento, sino también en el ajuste del grado justo de tensión en los distintos músculos para que el esfuerzo se realice con el mínimo gasto energético posible.

Equilibrio: El equilibrio en la postura que adoptamos en cada momento se consigue gracias a la relación constante del centro de gravedad respecto a la base de apoyo. Por otro lado, el equilibrio registra los distintos cambios de posición que se realizan en el espacio, de ahí que sea fundamental por ejemplo cada vez que realizamos un giro, salto, etc.

Fuerza: El movimiento libre del peso del cuerpo por el espacio precisa de un cierto nivel del fuerza corporal, a nivel de las piernas para los desplazamientos a pie, y en el tren superior cuando nos manejamos en suspensión o a nivel del suelo (tumbado o en cuadrupedia).

Además, un buen nivel de fuerza a nivel de la musculatura postural del tronco nos va a ayudar a controlar la inercia de los desplazamientos y con ello la precisión de nuestros movimientos.

Por otro lado, un cierto nivel de fuerza explosiva se precisa para todos aquellos movimientos que requieren una ejecución veloz y violenta, como se dijo al hablar de la velocidad, cualidad que en este plano se fusiona con la fuerza.

En términos generales, un nivel de fuerza mayor convierte a los movimientos realizados en una actividad más ligera que cuando se posee un nivel menor de fuerza, lo que permite que este se ejecute con más soltura y velocidad.

El papel de la resistencia

La resistencia es a priori, la única cualidad que en principio se queda al margen de los movimientos de agilidad, aunque de una manera relativa, puesto que la resistencia es el soporte de un buen nivel de coordinación, ya que el máximo rendimiento de esta cualidad sólo se alcanza cuando el individuo no está fatigado.

Como botón de muestra tenemos un deporte como el fútbol, en el cual durante 90 minutos se repiten continuos gestos de agilidad, ejecutados siempre a la máxima intensidad para poder mantener un adecuado nivel de lucha.

Un jugador con poca resistencia difícilmente va a mantener los niveles más altos de intensidad y precisión a lo largo de todo el partido, tendiendo con la fatiga a realizar movimientos cada vez menos adaptados a la situación y más crispados por la falta de frescura, lo que al final puede conducir a lesiones por falta de control en los movimientos.

Por eso en aquellas actividades en las que la agilidad es una cualidad predominante, así como ocurre en las que se basan en la ejecución de gestos explosivos y de corta duración, la resistencia es un elemento fundamental en el marco de su preparación física.


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