El cardo, un buen amigo del hígado

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El cardo o abrojo es el nombre genérico que se atribuye a las distintas variantes de la familia de las Compuestas, aunque no todos los cardos pertenecen a esta familia (como es el caso del cardo corredor y de la cardencha). Se trata de una planta espinosa que aunque puede llegar a alcanzar un gran tamaño no deja de ser una hierba.

En su composición destaca su alto contenido en agua, así como su bajo nivel calórico que unido su riqueza en ciertos sustratos conceden a este alimento un alto poder diurético, lo cual es muy útil para el control de la obesidad, la hipertensión arterial, la obesidad, el reumatismo, etc.

Entre estos sustratos destaca la cinarina, que va a contribuir a la buena salud de nuestro hígado y vesícula facilitando la producción de bilis en el hígado.

La bilis es un elemento catalizador de la digestión cuya presencia y actividad va a prevenir la aparición de ciertos trastornos digestivos, como la acidez, los gases, la pesadez del estómago, etc. Así mismo, previene la aparición de piedras biliares ya que facilita el drenaje de la vesícula.

Por otro lado, la bilis reduce la producción de colesterol en el hígado, y contribuye a su eliminación, lo que se refleja en el descenso de los niveles de colesterol en sangre. Este proceso de descongestión hepática sirve para prevenir la aparición de ciertas enfermedades como la hepatitis o la insuficiencia hepática.

Otro elemento de gran importancia en la composición del cardo es la inulina, polisacárido que junto al ácido cafeico va a facilitar la regeneración del tejido hepático.

Por otro lado, la inulina también va a regular las concentraciones de azúcar y colesterol en sangre, aparte de  mejorar la actividad intestinal, estimulando el tránsito y el desarrollo de la flora intestinal.


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