
Siempre nos han dicho que las agujetas aparecen cuando hacemos un esfuerzo muy intenso y acumulamos ácido láctico en el músculo. El ácido láctico al enfriarse se cristalizaría y se clavaría en el músculo.
En este sentido, nos han contado que si estiramos, trotamos suavemente, y bebemos agua de limón con azúcar se pueden prevenir, pero lo cierto es que eso no impide que aparezcan.
Se dice que todas estas medidas nos ayudarían a eliminar ácido láctico del músculo, pero igual el ácido láctico no es la causa real de las agujetas.
Realmente las agujetas aparecen cuando realizamos movimientos nuevos, ya que no los coordinamos bien y aplicamos más tensión de la necesaria, lo que se convierte en una agresión para las fibras musculares.
Si llevamos un tiempo sin entrenar también perdemos un poco de coordinación y cuando volvemos a entrenar tenemos que recuperarla, de ahí que también puedan aparecer las agujetas nuevamente.
Cuando repetimos el movimiento un par de días más, mejoramos notablemente la manera de realizarlo y la musculatura trabaja con la tensión justa, de ahí que ya no aparezcan las agujetas.
Si aparecen lo mejor es no dejar de entrenar, a pesar de que sea molesto, ya que el cuerpo se adapta al esfuerzo y desaparecen antes que si espaciamos los entrenamientos hasta que se quitan.
Los movimientos que más comprometen al músculo en tensión y dificultad serían aquellos en los que se frena de una manera controlada el peso del cuerpo, o una pesa, etc.
Estos movimientos se denominan excéntricos, y su característica fundamental sería que el músculo se alarga mientras mantiene su tensión. Amortiguar la caída de un salto, o controlar la bajada de un peso, serían ejemplos de movimientos excéntricos.
En este sentido, los estiramientos muchas veces se convierten en un ejercicio de fuerza (quién no se ha inclinado a tocarse los pies con las rodillas estiradas, notando que los músculos posteriores del muslo están duros como una piedra, y aun así hacemos fuerza para conseguir llegar ¡qué dolor!),
Lo que hacemos en la mayoría de los casos, es intentar imponer el alargamiento a un músculo que no se ha relajado.
Los movimientos muy rápidos y violentos también acumulan gran tensión, y son difíciles de coordinar (sobretodo porque también hay que frenarlos), lo que los convierte en elementos de riesgo para sufrir agujetas como mínimo.
El próximo día os hablaré sobre cómo prevenirlas.




Comentarios recientes