
Lo normal es que suceda en la parte externa del tobillo, aunque pueden producirse también en la parte interna.
Se producen generalmente al pisar mal en terreno irregular o inestable al andar o correr. También es muy frecuente en las caídas de los saltos (por ejemplo en el baloncesto).
Cuando apoyamos el pie en el suelo de manera insegura normalmente corregimos la posición antes de cargar el peso del cuerpo para no caernos o torcernos el tobillo (esguince).
Gracias a la sensibilidad del tobillo, sentido conocido como propiocepción, nosotros percibimos esta inestabilidad y podemos readaptar el apoyo.
Si estamos cansados o despistados puede que no percibamos esta situación con la misma nitidez y cargamos el peso del cuerpo en este apoyo.
Esta fuerza del peso no es sostenida por los huesos sino por los ligamentos que no tienen tanta resistencia como para soportar todo el peso del cuerpo, de ahí que se produzca la distensión o desgarro del ligamento, y con ello la lesión.
La gravedad de la lesión se clasifica en 3 niveles según el nivel de deterioro del ligamento.
- Primer grado: distensión ligamentosa
- Segundo grado: rotura parcial
- Tercer grado: Rotura total del ligamento, lo que produce inestabilidad en la articulación.
Continuaremos …
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