
Nuestro cuerpo gracias a su instinto de conservación responde a la ley del mínimo esfuerzo, por eso la falta de ejercicio provoca que se atrofie nuestra musculatura con mucha rapidez.
Esto es debido a que si tenemos más músculo el metabolismo funciona más rápido y el organismo envejece más rápido. El cuerpo buscando la máxima economía en sus funciones internas se adapta prescindiendo de aquello que le sobra.
El músculo es un tejido vivo que consume más energía que las células grasas los adipocitos. Por otro lado, salvo algunos músculos muy concretos que trabajan en funciones internas (contracción del corazón por ejemplo), la función de la musculatura es la de relacionarnos con el exterior, movernos, trabajar, conseguir el alimento, hacer esfuerzos … de ahí que si el cuerpo está inactivo tiene a eliminarlo porque no lo necesita y así ahorra esfuerzos.
Además la musculatura cuando se ejercita almacena energía en forma de glucógeno y retiene agua, lo que hace que este tejido sea más pesado que la grasa. Este es un motivo más para que el cuerpo tienda a desprenderse del peso muscular si no lo necesita para a supervivencia.
Es curioso que aunque a nosotros nos guste estar bien fuertes y musculados porque estéticamente nos favorece, a nuestro cuerpo esto le da igual y sólo va a mantener el músculo si le hace falta para mantener un nivel de actividad física.
Esto se puede comprobar con mucha facilidad si tras desarrollar la musculatura con un programa de entrenamiento de fuerza concienzudo nos entregamos al descanso prolongado.
La primera adaptación a esta nueva situación es una pérdida de peso y volumen que se atribuye a la pérdida de músculo, glucógeno y agua.
Continuaremos …
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