
Esta pérdida de peso inicial es temporal porque pasado un tiempo empezamos a recuperar el peso y volumen poco a poco, pero esta vez en forma de grasa y con la pérdida de la definición de la musculatura que va quedando oculta por el revestimiento de grasa que queda bajo la piel.
La pérdida de tejido muscular hace que nuestro cuerpo consuma menos energía y por eso tienda a acumular el excedente en forma de grasa. Por eso el entrenamiento de fuerza es un buen medio para consumir el excedente de energía por medio del desarrollo de la musculatura ya que la musculatura consume el veinte por ciento del metabolismo.
Un buen programa de pérdida de peso debe contar con el trabajo de la fuerza para conseguir un máximo aprovechamiento de los esfuerzos ya que se puede acelerar el metabolismo un cinco por ciento.
El músculo consume mucha energía para su mantenimiento por lo que nos permite quemar grasas hasta en reposo, sentados en el sillón, siempre que hayamos hecho el entrenamiento.
Por otro lado, al entrenar se destruyen muchas fibras musculares que tienden a regenerarse en el intervalo de descanso. La recuperación hace que la musculatura se regenere e incluso que se desarrolle más para que el cuerpo esté preparado de cara a un esfuerzo similar.
Este desgaste hace que el entrenamiento con pesas aumente el ritmo de combustión de grasa en el cuerpo hasta los dos días después del ejercicio que es el tiempo que puede tardar el organismo en predisponer al músculo para un esfuerzo similar.
Las fibras rápidas consumen más energía que las lentas, son menos económicas y se desarrollan por medio de ejercicios anaeróbicos, de ahí que los esfuerzos intensos nos permitan consumir más calorías, ya no tanto por su duración que no puede ser muy prolongada si no por el consumo de energía en el período de recuperación que aumenta respecto a los esfuerzos más ligeros.
Continuaremos …





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