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¿Qué es el esguince de tobillo? Síntomas, causas y tratamiento

Los ligamentos son elementos que nos ayudan a sujetar las articulaciones para impedir que se desplacen en direcciones en las que no tiene que hacerlo.

En las articulaciones móviles el hueso no sujeta totalmente la zona de contacto con el otro hueso para permitir el desplazamiento y así poder llevar a cabo los movimientos.

Las articulaciones más móviles son a la vez las más inestables (es decir, las que menos sujetas están) y esto da pie a que en los movimientos las articulaciones se puedan salir de su sitio.

Para sujetar las articulaciones sin impedir la movilidad de los huesos tenemos estas reforzadas con los ligamentos, que son cintas de tejido fibroso que fijan en las direcciones en las que se podría separar la articulación.

Tienen muy poca elasticidad o ninguna, y este es un aspecto esencial para que puedan cumplir su función de límite de los movimientos.

No sólo impide que la articulación se desplace por direcciones indeseadas, sino que limitan la amplitud de los movimientos de la articulación para mantenerlos dentro de los límites fisiológicos.

En este sentido los ligamentos reciben información del cerebro para percibir y controlar los movimientos.

Los ligamentos reciben el riego sanguíneo lo que va a beneficiar su regeneración.

Son más importantes en las articulaciones de más movilidad, como por ejemplo el hombro y la cadera, que se pueden movilizar en los tres planos del espacio.

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¿Cómo se produce?

El esguince de tobillo es una lesión que estira o desgarra los ligamentos que sujetan el tobillo. Esta distensión es producida por ejercer una fuerza sobre el ligamento que supera su capacidad elástica.

Lo normal es que suceda en la parte externa del tobillo, aunque pueden producirse también en la parte interna.

Se producen generalmente al pisar mal en terreno irregular o inestable al andar o correr. También es muy frecuente en las caídas de los saltos (por ejemplo en el baloncesto).

Cuando apoyamos el pie en el suelo de manera insegura normalmente corregimos la posición antes de cargar el peso del cuerpo para no caernos o torcernos el tobillo (esguince).

Gracias a la sensibilidad del tobillo, sentido conocido como propiocepción, nosotros percibimos esta inestabilidad y podemos readaptar el apoyo.

Si estamos cansados o despistados puede que no percibamos esta situación con la misma nitidez y cargamos el peso del cuerpo en este apoyo.

Esta fuerza del peso no es sostenida por los huesos sino por los ligamentos que no tienen tanta resistencia como para soportar todo el peso del cuerpo, de ahí que se produzca la distensión o desgarro del ligamento, y con ello la lesión.

La gravedad de la lesión se clasifica en 3 niveles según el nivel de deterioro del ligamento.

– Primer grado: distensión ligamentosa
– Segundo grado: rotura parcial
– Tercer grado: Rotura total del ligamento, lo que produce inestabilidad en la articulación.

Síntomas y diagnóstico

Cuando nos torcemos un tobillo por un mal paso o por pisar sobre una superficie inestable lo notamos rápidamente. Probablemente la causa sea la fatiga o la pérdida de atención, pero la torcedura nos va a centrar en el pie de inmediato.

El dolor y la inflamación van a depender de la gravedad de la torcedura, según produzca más o menos rotura de fibras ligamentosas y de vasos sanguíneos.

La simple torcedura apenas va a producir inflamación, aunque sintamos más o menos dolor y la rotura de fibras puede implicar más o menos inflamación.

Un pequeño chasquido puede delatar la rotura total de 1 o varios ligamentos y la sensación de dolor así como el hematoma son instantáneos.

La sangre acumulada en los tejidos aumenta la inflamación y el dolor porque incrementa la presión sobre la zona dolorida. Por eso el dolor aumenta al cabo de una hora al consolidarse la inflamación y el estancamiento de la sangre. En este sentido es importante mantener el pie elevado para favorecer el movimiento de la sangre y con ello la evacuación en la zona lesionada, al margen de intentar tomar otro tipo de medidas para disminuir la inflamación.

Si hay lesión existe un gran dolor al movilizar el pie incluso sin aplicar fuerza, a parte de sentir gran inestabilidad e inseguridad a la hora de apoyar el pie en el suelo.

Por eso si nos torcemos un pie ligeramente y tenemos dudas sobre si nos hemos hecho un esguince, podemos probar durante unos minutos a intentar apoyar el pie en el suelo y cargar el peso en él. Si sentimos inestabilidad y no mejora tras andar unos pasos, probablemente tendremos un esguince.

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  • marckos

    tiene que doler eeeeeeeeeeeeeee