
Como son tantos los aspectos a trabajar y tan poco tiempo el que tenemos, es muy importante que distribuyamos el tiempo y el esfuerzo empleado de manera coherente.
La prueba teórica es la que suele ser más decisiva para posicionarte en los puestos más adelantados de las listas por lo que requiere los mayores esfuerzos en la preparación.
Respecto a las pruebas físicas, que es lo que nos interesa aquí, la preparación debería conseguir los siguientes objetivos de manera progresiva:
1. Alcanzar la nota mínima en todas las pruebas: Normalmente en cada prueba se establece una marca mínima a superar, y en ese sentido no nos sirve de nada alcanzar la excelencia en nuestras pruebas favoritas, si no se obtiene la nota mínima en la prueba más floja para uno mismo.
Si no alcanzamos el mínimo en todas las pruebas nos quedamos fuera de la puja, por lo que hay que incidir en las pruebas más flojas.
2. Conseguir llegar a la oposición en buenas condiciones, sin lesiones: El deseo de llevar las mejores pruebas puede llevar al opositor a un exceso de trabajo. Esta mala gestión del entrenamiento puede provocar lesiones que se pueden arrastrar el día de las pruebas.
Realizar las pruebas lesionado nos impide rendir a nuestro mejor nivel (el que teníamos antes de lesionarnos) y en algunos casos ni si quiera poder hacer las pruebas o llegar a los mínimos. Es una pena que tras los esfuerzos realizados no podamos sacarles provecho.
3. Tras asegurar los 2 primeros objetivos, el deportista puede ir mejorando progresivamente las distintas pruebas para intentar obtener una nota más alta, pero sólo si se cubren los anteriores, porque si no los esfuerzos no son rentables.
Dentro de las estrategias de este nivel, habría que procurar desarrollar las capacidades que al deportista le resulten más fáciles, las que supongan menos tiempo, esfuerzo y carga, y las que favorezcan a otras.
Continuaremos …




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