Desde el punto de vista del consumo energético, se dice que la cafeína nos ayuda a utilizar los depósitos de grasa corporal, ayudando a eliminar las grasas saturadas y reservando las grasas monoinsaturadas.
También nos ayuda a movilizar las reservas de glucógeno del hígado, lo que mejora el suministro de energía para aquellos esfuerzos que duran un poco más de la cuenta (más de una hora).
La cafeína se convierte en un suplemento muy interesante para mejorar el rendimiento en pruebas de larga duración, sobretodo porque se alcanza una mayor economía en el consumo de energía.
A las personas poco entrenadas, les va a beneficiar en los esfuerzos aeróbicos de alta intensidad, porque va a favorecer el consumo de oxígeno máximo.
La cafeína no aporta ningún beneficio en los trabajos de fuerza, potencia o velocidad. Aquellas tareas de resistencia que duran menos de 1 hora, tampoco van a realizarse mejor porque tomemos cafeína.
La cafeína como ya se explicó en un capítulo anterior, es diurético, es decir, elimina agua; pero no va a alterar el equilibrio de fluidos.
Tomar cafeína durante el esfuerzo no va a producir orina, ni va a aumentar la producción de sudor; por lo que tampoco va a influir en la temperatura corporal.
Si tomamos azúcar o hidratos de carbono con la cafeína, anulamos los beneficios anteriormente descritos, porque activa la secreción de insulina, una hormona de carácter más conservador, que disminuye la alerta y trata de almacenar las grasas, lo que se opone totalmente al trabajo de la adrenalina.
Por eso ya sabéis, si tomáis azúcar y bollos con el café, no rendiréis mejor en el ejercicio.
Por otro lado, la cafeína, al ser estimulante, contribuye al envejecimiento celular. Este efecto es más notable entre las personas que no están entrenadas.
En el próximo capítulo, vamos a hablar de las repercusiones que pueden tener los excesos en el consumo de cafeína.





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