Esta es una de las grandes limitaciones del cuerpo humano, la posesión de un gran potencial energético, que no podemos distribuir a nuestro gusto.
El organismo nos limita su uso en función de la intensidad del esfuerzo, y del tiempo que tarda en acceder a la energía.
Si hacemos esfuerzos muy cortos, sabemos que los podemos hacer con gran intensidad, pero si estos esfuerzos queremos prolongarlos en el tiempo, nos tenemos que dosificar.
Esta dosificación la marca el tiempo que necesitamos para poder utilizar la energía almacenada y la capacidad energética de cada fuente de energía.
Dicho de otra manera, el ATP y el fosfato de creatina, tienen mucho más “octanaje” que las grasas por ejemplo, por lo que permite más potencia.
Por medio del entrenamiento, podemos aumentar los depósitos de energía, y enseñar al cuerpo a concentrar más energía en una actividad concreta.
La creatina, es un componente energético más. Está presente en la célula muscular (muy cerca de la contracción), y su proceso para formar ATP es muy corto.
Por eso, es un elemento fundamental para prolongar los esfuerzos que se realizan con la energía disponible del músculo, es decir, aquellos que son muy intensos, aunque cortos.
En síntesis, la creatina, es por tanto, un elemento que forma parte del organismo, que interviene directamente en la producción de energía, y cuya actividad es susceptible de mejorar por medio de la alimentación (incluyendo la suplementación) y por el entrenamiento.
Es todo esto en lo que nos vamos a centrar en próximos capítulos.





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