
Algunos nutricionistas recomiendan un consumo entre 15 y 30 gramos de fibra para un adulto.
Una dieta como la que normalmente manejamos, rica en grasas, carne, azúcares y alimentos elaborados se aporta unos 10 gramos de fibra al día aproximadamente.
Evidentemente esta cantidad no se aproxima a lo aconsejado, y de ahí que existan tantas dificultades con la digestión y con la absorción de determinadas sustancias.
Para conseguir estos objetivos habría que recurrir a alimentos naturales y sanos y no recurrir a suplementos ricos en fibra.
No es difícil alcanzar estas cantidades si incrementamos el consumo de cereales integrales, frutas, verduras y legumbres.
En este sentido, hay que prestar más atención al consumo de fibra soluble (más presente en frutas y verduras), que en la insoluble (cereales y semillas).
Los cereales de caja normalmente nos aportan unos 5 gramos de fibra por cada ración.
En las semillas la fibra está en el exterior, por eso los productos integrales tienen un mayor contenido. El salvado de trigo, la semilla de lino y el de avena son de los que más aportan.
Si se aumenta el consumo de fibra, hay que aumentar la ingestión de líquidos para digerir mejor y adaptarse a este alimento porque la fibra absorbe mucho líquido.
No podemos abusar del consumo de fibra porque esto acarrea ciertos inconvenientes. De esto hablaremos en un próximo capítulo.




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