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En la dieta tradicional se da una gran importancia a los hidratos de carbono.
En la dieta de la zona, hay que reducir el consumo de estos hasta equilibrarlo con el consumo de proteínas. Respecto a los hidratos de carbono, tenemos que distinguirlos según el índice glucémico que tengan.
El índice glucémico es el factor que representa la velocidad con la que los hidratos de carbono se sintetizan y pasan al torrente sanguíneo.
Normalmente, las frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, tienen un índice glucémico más bajo, lo que las convierten en alimentos más interesantes, porque se absorben lentamente. Además, tienen mayor contenido en vitaminas y minerales, por lo que son más beneficiosos.
La cantidad de fibra presente en estos alimentos, ayuda a controlar la velocidad con la que los hidratos de carbono pasan a la sangre, a parte de favorecer su digestión.
Los dulces, azúcar refinado, pan blanco, productos elaborados con harinas refinadas, cereales, pasta, patatas, zumos, etc, tienen un índice glucémico más elevado, por lo que tienen más facilidad para desequilibrar nuestra concentración de azúcar en sangre.
La ingesta de estos alimentos, nos produce somnolencia, sensación de cansancio y cada vez más pesadez.
Lo peor, es que el exceso de hidratos de carbono en una comida, provoca un apetito voraz en poco tiempo, con la necesidad de volver a comer. De hecho, entendemos que es goloso, aquel al que le gusta comer dulces y continuamente. El apetito está más controlado si la comida es más equilibrada.
Las grasas también son muy importantes en la dieta de la zona. El próximo día hablaremos de ellas.




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