Las nueces: Fuente de ácidos grasos omega 3

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La nuez es el fruto del Nogal, un árbol de la familia de las Juglandáceas posiblemente originario de Asia, ya que crecía de modo salvaje en el Caucaso, Asía Menor y en el Sudeste asiático, aunque también existen referencias de su existencia en España durante el Paleolítico.

El nogal es un árbol que sobrevive en climas templados, ya que no resiste las heladas. Así en Europa crece en zonas tanto costeras, como en áreas de montaña con climas templados húmedos, pero en ningún caso en regiones en las que la temperatura desciende acusadamente.

Actualmente, el cultivo de la nuez está muy extendida por el mundo, pero destaca el estado de California (EEUU), como el principal productor mundial de este fruto seco.

La nuez se caracteriza por estar compuesta por una sola semilla, la cual está recubierta por una corteza dura que se mantiene cerrada cuando el fruto alcanza su madurez.

En relación a su contenido alimenticio, el sesenta por ciento del peso de la nuez se corresponde a materia grasa, de ahí que su contenido calórico sea muy elevado (30 gramos de nueces, aportan unas 180 calorías), de ahí que su consumo tenga que ser realizado con moderación, no más de 4 o 7 nueces al día (los 30 gramos antes comentados), a pesar de las múltiples virtudes de este alimento.

Porque la gran ventaja de este fruto seco está precisamente en su contenido graso, muy rico en ácidos grasos poliinsaturados omega 3, las cuales ejercen unos efectos muy beneficiosos respecto a nuestra salud cardiovascular. En este sentido las nueces son los frutos secos del mercado que concentran una mayor cantidad de ácidos grasos omega 3, la cual es similar a la que aporta el pescado azul.

Inmensa fuente de polifenoles

El ácido graso omega 3 ayuda a descender el nivel de colesterol en sangre, así como a reducir la viscosidad de la sangre, lo cual contribuye a la prevención del riesgo de sufrir una trombosis.

Así mismo, las nueces aportan ciertas cantidades de proteínas, fibra e hidratos de carbono a la dieta, aunque a un nivel más discreto.

Por otro lado, las nueces son los frutos secos más ricos en polifenoles, que son los antioxidantes de mayor calidad, siguiendo los estudios del Dr. Joe Vinson, de la Universidad de Scranton, EEUU.

Los polifenoles nos van a proteger ante enfermedades crónicas derivadas de la edad, gracias a su potencial para controlar los radicales libres.

El efecto antioxidante de las nueces también queda enriquecido gracias a la presencia de vitaminas A, E, y C en dicho fruto seco. El aporte de vitamina C en las nueces es muy reducido, aunque resulta llamativo ya que los frutos secos no suelen contenerla.

Sin embargo, la proporción de vitamina E que podemos encontrar en las nueces las convierten en un auténtico regenerador para nuestro organismo.

Además, las nueces son especialmente ricas en vitamina B, especialmente B1, B6 y Ácido Fólico, lo que las convierte en un alimento muy útil para personas que sufren depresión, estrés y fatiga.

Respecto a su contenido en minerales, las nueces representan una fuente de Calcio, Magnesio, Fósforo, Potasio, Zinc, Cobre y Hierro para el organismo.


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