
En el anterior capítulo relacionado con este tema se hablaba de la influencia del tipo de recorrido utilizado en el resultado final de la prueba, siendo este elemento de la máxima importancia para conseguir aportar un mayor grado de precisión y objetividad a la prueba.
La siguiente cuestión a considerar es la de la utilización de los resultados obtenidos. En este sentido, y enlazando con la cuestión del tipo de circuito escogido, tenemos que intentar mantener el mismo circuito en las sucesivas pruebas de control para que las diferencias en los resultados obtenidos se puedan achacar exclusivamente a los cambios en el rendimiento de las personas evaluadas y no a las particularidades de cada circuito.
Desde la perspectiva del uso de los resultados, el Test de Cooper nos aporta un resultado en forma de distancia recorrida, que comparado con unas tablas normativas diseñadas por el creador del test, el Dr Kenneth H. Cooper, nos permite calcular, al menos de modo aproximado, el consumo máximo de oxígeno (VO2 máx.) del individuo.
El consumo máximo de oxígeno (VO2 máx.) representa la cantidad de oxígeno que utilizan los tejidos corporales, de ahí que su nivel determina y limita la capacidad de un individuo para realizar trabajos aeróbicos.
Porque si el nivel es bajo, el individuo tendrá más dificultades para conseguir oxígeno a la hora de realizar una actividad física y comenzará a acumular deuda de oxígeno mucho más rápido que otra persona con un VO2 más elevado.
El cuerpo humano tiene la capacidad de mantener la intensidad en la actividad con un cierto nivel de deuda de oxígeno, pero siempre hasta unos límites los cuales una vez alcanzados obligan al individuo a reducir la intensidad de trabajo o a pararse para poder recuperarse.
Continuaremos …




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