
El pulso se puede controlar por medio de la toma manual o por medio de pulsometros. Manualmente el pulso se puede localizar si ponemos la palma de la mano sobre el corazón, en el lado izquierdo del pecho, o presionando con los dedos índice y medio en lugares por los que pasan arterias cerca de la piel.
Así en la arterías carótidas del cuello (al lado de la traquea), en las sienes, las ingles, tras las rodillas y en la muñeca más habitualmente podemos medir el pulso con facilidad porque pasa una arteria cerca de la piel.
En este tipo de mediciones tenemos que evitar el uso del dedo pulgar porque tiene pulso propio.
El inconveniente es que el pulso manualmente sólo se puede tomar estando parado, porque en movimiento no podemos tomárnoslo. Solo podemos saber a posteriori si lo hemos hecho bien o no, pero no podremos corregir el esfuerzo sobre la marcha si no es el adecuado.
El pulso varía con la posición corporal, ya que aunque no lo notemos al estar de pie nuestra musculatura hace un esfuerzo por mantener la postura superior al que hacemos tumbado y eso se nota en nuestro pulso.
Por eso el pulso siempre hay que cogerlo de pie y evitar inclinarnos hacia delante aunque estemos muy cansados porque así hacemos menos esfuerzo y alteramos la medida.
En cualquier caso la toma habitual de pulsaciones al final del esfuerzo nos va a permitir conocer mejor la respuesta de nuestro cuerpo y con ello asociar ciertas sensaciones y modificaciones que sufre nuestro cuerpo (amplitud de la respiración, color de la piel, etc) con cierto nivel de pulsaciones.
A la larga con la experiencia podemos interpretar claramente nuestras sensaciones y ajustar con bastante precisión nuestros esfuerzos, que es a fin de cuentas a lo que tenemos que tender.
Continuaremos …





Comentarios recientes