
Como vimos cuando hablamos de la adaptación, un esfuerzo produce unas alteraciones en el organismo a las cuales tiene que adaptarse.
Por eso los ejercicios físicos sólo tienen valor en la medida que pueden estimular al organismo. Es un error valorar la importancia de un ejercicio por la cuantificación de su carga porque su efecto no es similar para todo el mundo.
En este sentido nos vamos a encontrar ejercicios que no producen efectos en el organismo y por tanto no entrenan o desentrenan. Si escogemos estos ejercicios nos mantendremos en el mismo nivel o perderemos la forma.
Otro tipo de ejercicios van a ser demasiado duros para nuestro nivel de entrenamiento y nos pueden producir lesiones o sobreentrenamiento, de ahí que haya que evitarlos.
Para nuestro entrenamiento tenemos que elegir ejercicios y esfuerzos que superen un umbral mínimo de trabajo pero que no sean excesivamente duros.
Los umbrales de trabajo van a depender de cada capacidad trabajada y del individuo en cuestión. Así por ejemplo, en el caso de un deportista que quiera desarrollar la fuerza máxima de sus pectorales por medio del ejercicio de press de banca tendrá que trabajar con un peso superior al 85% del peso máximo que puede llegar a mover en una repetición de ese movimiento, lo que representa el umbral mínimo de trabajo con el que desarrollar esta capacidad.
Ese 85% del peso máximo podrán ser sesenta kilogramos para un individuo y ochenta y cinco para el otro, lo que demuestra que un mismo peso en la barra no sirve para estimular por igual a distintos individuos.
Por tanto para escoger los ejercicios más efectivos hay que conocer las cargas con las se desarrolla cada cualidad y luego ajustarlas a las posibilidades de cada individuo, por lo que es fundamental conocer también las capacidades individuales de cada individuo.





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