
Gracias al control muscular en el descenso del peso, la articulación no tiene que encargarse de frenar los movimientos, por lo que queda protegida de las tensiones producidas por la caída libre e incontrolada del peso, el cual adquiere una aceleración y con ello una inercia cuya energía es transmitida violentamente al elemento que se encarga de frenar en seco el movimiento, en este caso la articulación.
Por otro lado, el trabajo excéntrico también se produce cuando el músculo contrario a la acción de otro (el antagonista) se contrae en alargamiento para controlar la velocidad y frenar la acción concéntrica de su contrario (el agonista).
Este trabajo coordinado de agonistas y antagonistas se produce en todas las acciones musculares, porque la única forma de controlar la velocidad y recorrido de un movimiento es mediante la acción de su opuesto.
De esta forma se alcanza un trabajo medido y una protección para las articulaciones que no se tienen que ocupar de frenar los movimientos de los músculos, los cuales a veces suelen ser muy violentos y explosivos.
Si nos fijamos en el golpeo de un balón de fútbol, podemos ver un ejemplo claro de este tipo de trabajos, ya que los músculos isquiotibiales del muslo tienen que controlar la violenta contracción concéntrica que realiza el cuádriceps femoral para impulsar el balón. La pierna adquiere una gran aceleración que sólo puede ser controlada gracias al trabajo excéntrico de los isquiotibiales.
Este trabajo tiene que impedir que la articulación de la rodilla tenga que sufrir las consecuencias de tener que frenar este movimiento, pero por otro lado no tiene que impedir que la pierna acelere, en cuyo caso no se podría transmitir potencia al golpeo, por lo que el control del alargamiento del antagonista es un factor imprescindible para la buena ejecución de movimientos explosivos.
Continuaremos …





le agradesco mucho por la buena informacion