El volumen respiratorio corriente, residual y de reserva espiratorio

El volumen de aire movilizado a través de la respiración va a variar en función de las necesidades del individuo en cada momento, las cuales van a depender del estado de actividad o reposo del individuo, entre otros factores (estados emocionales, etc).

En este sentido, en la capacidad respiratoria del ser humano se pueden distinguir una serie de volúmenes respiratorios, cada uno de los cuales registra la cantidad de aire que el individuo puede movilizar al inspirar o espirar, ya sea de una manera normal o forzada.

Así en la respiración humana se distinguen los siguientes volúmenes respiratorios:

Volumen corriente o volumen tidal

Es el correspondiente a la respiración habitual, la que desarrollamos en estado de reposo o de actividad física muy moderada, por ejemplo al dar un paseo tranquilo.

Al ser el volumen propio de la respiración normal no se puede modificar de modo voluntario, sino que se ajusta automáticamente en función de las necesidades de oxígeno del organismo, de ahí que pueda variar sensiblemente con los cambios de postura, o al realizar movimientos simples (elevar un brazo para coger algo de una estantería)..

En este volumen tidal la cantidad de aire movilizado ronda el medio litro en cada ciclo respiratorio, del cual tan sólo el 70% de dicho volumen (350 ml) va a  llegar a la zona de intercambio gaseoso (bronquiolos, conductos, sacos alveolares y alvéolos), mientras que el resto (150 ml aproximadamente) va a quedarse en las vías de conducción respiratorias (naríz, faringe, laringe, tráquea, bronquios, bronquiolos …), las que en conjunto configuran el espacio muerto anatómico, es decir el que no se puede aprovechar para captar oxígeno.

Puesto que un individuo adulto normal respira unas doce veces en cada minuto, el volumen medio de aire movilizado por minuto rondaría los seis litros.

El volumen de reserva inspiratorio

A parte del intercambio de aire normal, el que se produce en estado de reposo o de actividad moderada, nuestro organismo está preparado para movilizar unas cantidades mayores de aire en caso de necesidad, por ejemplo en situaciones de esfuerzo físico.

En este sentido, cuando tratamos de forzar nuestra respiración para movilizar más aire, nos encontramos con:

El volumen de reserva inspiratorio (VRI)

Si nuestro aparato respiratorio sólo nos permitiera movilizar el volumen corriente de aire, estaríamos muy limitados para cubrir las necesidades de oxígeno que surgen cuando realizamos una actividad física más intensa.

En este sentido, el volumen de reserva inspiratorio nos indica la cantidad de aire adicional que podemos almacenar en nuestras vías respiratorias cuando nos esforzamos en inspirar más aire del inhalado por el volumen corriente.

Al ser una cantidad de aire adicional, hay que tener bien claro que no forma parte del volumen corriente, ya que su medición sólo comienza una vez que hemos finalizado la inspiración del volumen corriente.

De ahí que la exhalación del volumen de reserva inspiratoria sólo se considera  finalizada cuando hemos expulsado todo este aire adicional y nuestros pulmones siguen llenos del aire correspondiente al volumen corriente.

Como ya veremos más adelante, los volúmenes nos indican cantidades de aire diferenciadas, es decir que no pueden ser contabilizadas en dos volúmenes distintos a la vez, mientras que para la combinación de volúmenes de aire vamos a utilizar como índices las capacidades respiratorias.

En las lineas anterior nos quedamos hablando del volumen de reserva inspiratorio (VRI), el cual nos indica la cantidad de aire adicional que podemos acumular en nuestras vías respiratorias, una vez que hemos llegado al límite de nuestra respiración normal (volumen corriente de aire).

Si bien el volumen corriente alcanza el medio litro aproximadamente, el volumen de reserva inspiratorio multiplica la capacidad respiratoria por cinco o por seis, ya que puede alcanzar los dos o tres litros y medio según las personas.

Si comparamos la cantidad de aire movilizado por el volumen corriente, con la que la que conseguimos inhalar por el volumen de reserva inspiratorio, se puede comprobar el enorme margen que tenemos para captar aire del exterior en caso de necesidad, ya que el volumen corriente expresa las necesidades normales.

Así este volumen de reserva inspiratorio puede ser utilizado total o parcialmente según la cantidad de aire que necesitemos o que queramos inspirar, ya que tenemos la posibilidad de influir voluntariamente en nuestra respiración.

Otro volumen de aire a tener en consideración sería el volumen de reserva espiratorio (VRE), el cual nos indica la cantidad de aire que podemos expulsar de nuestras vías respiratorias cuando espiramos a fondo, es decir cuando forzamos nuestra espiración por encima de la espiración normal.

Como en el caso anterior, este volumen empieza a contabilizarse una vez que ha finalizado la espiración del volumen corriente y nos muestra una parte de la cantidad de aire que normalmente queda almacenado en nuestros pulmones de modo permanente.

El volumen de reserva espiratorio

Este volumen puede alcanzar 1 litro o 1,2 litros de aire según las personas, y depende no sólo del tamaño de nuestras vías respiratorias, sino también de la flexibilidad de nuestra caja torácica.

Esta reserva de aire es la que utilizamos cuando soplamos las velas de una tarta para apagarlas, o cuando intentamos inflar un globo; actividades algo fatigosas, lo que nos indica el esfuerzo físico que hay que desarrollar para movilizar este volumen de aire.

Por otro lado, el volumen de reserva espiratorio nos ayuda a expulsar las partículas nocivas de nuestras vías respiratorias, por ejemplo cuando tosemos.

La movilización voluntaria de este volumen de aire, gracias al esfuerzo de los músculos espiratorios, es una actividad muy saludable para el organismo, pues ayuda a la renovación del volumen de aire residual (del que hablaremos a continuación), el cual tiende a estancarse en aquellas zonas de nuestros pulmones que son menos movilizadas durante la respiración.

Porque normalmente, nuestra respiración se realiza de manera incompleta, fundamentalmente a causa de los distintos bloqueos musculares que obstaculizan el libre movimiento de inspiración y espiración; resistencia esta que tiende a reducir la amplitud del acto respiratorio, como medida para mantener una economía de esfuerzo que acaba volviéndose contra sí mismo, ya que reduce la continua purificación del aire pulmonar y con ello la vitalidad del individuo.

Por último, hay que hablar del volumen residual (VR), que es el volumen de aire que queda en nuestros pulmones tras una espiración máxima, es decir, cuando ya no somos capaces de expulsar más aire, ni siquiera tosiendo.

El volumen residual

La conservación de un cierto volumen de aire en las vías respiratorias cuando ya no somos capaces de expulsar más aire en la espiración forzada, es esencial para mantener un equilibrio en la presión interna de los alvéolos, aspecto vital para que los pulmones puedan mantener su actividad con normalidad.

Si nuestros pulmones no conservaran permanentemente un cierto volumen de aire residual, los alvéolos se vaciarían normalmente, acabando aplastados y con ello colapsados por el aumento de la presión de succión que se produce en su interior para compensar este vacío.

Este volumen de aire residual oscila entre 1 y 1,2 litros de aire según las personas.

A modo de conclusión, los volúmenes respiratorios nos dan información sobre la cantidad de aire que el individuo es capaz de movilizar en relación con los distintos tipos de esfuerzo respiratorio, es decir el aire que se moviliza sin esfuerzo, el que se inhala de manera aislada al forzar la inspiración, o el que se puede expulsar exclusivamente en la espiración forzada.

De este modo, gracias a los volúmenes respiratorios podemos saber si nuestros mecanismos respiratorios fisiológicos funcionan adecuadamente y rinden de acuerdo a sus posibilidades.

El rendimiento de algunos de estos volúmenes puede ser aumentado a través de un cierto entrenamiento respiratorio. Así la relajación de los músculos torácicos y la flexibilización de la caja torácica nos pueden ayudar a aumentar la amplitud de la inspiración, es decir el volumen de reserva inspiratoria (VRI).

Así mismo, el entrenamiento de los músculos espiratorios nos puede ayudar a expulsar una mayor cantidad de aire, mejorando de este modo el volumen de reserva espiratorio (VRE).

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