2. Vuelo: Buscamos mantener la altura conseguida el máximo tiempo posible con el cuerpo en tensión. Para esto, mantenemos la cabeza baja y los brazos estirados con las manos pegadas, colocando una sobre otra.
Los brazos presionan la cabeza, justo sobre las orejas. También apretamos las piernas entre sí, y mantenemos los pies extendidos. Nuestro cuerpo está tenso y en una posición que ocupa su máxima longitud.
3. Entrada en el agua: Esta tensión hay que mantenerla para entrar bien en el agua. Hay que procurar entrar en el agua en el menor espacio posible, evitando los planchazos que a parte de salpicar mucha agua, y dejarnos la tripa colorada nos frenan en seco, con lo que no hay deslizamiento.
Nos puede ayudar la idea de introducirnos totalmente por un aro, para procurar salpicar lo menos posible. Es importante mantener la tensión en el cuerpo en todo momento para entrar totalmente recto.
Si no hay tensión, corremos el riesgo de flexionar o separar las piernas, entre otras cosas, lo que nos puede frenar.
Por otro lado, es importante mantener la barbilla pegada al cuello para evitar que se nos puedan quitar las gafas, o que pueda entrar agua en su interior por la presión directa del agua sobre la cara.
4. Deslizamiento: Dentro del agua, tenemos que evitar hundirnos excesivamente, y hay que buscar el deslizamiento hacia delante.
El impulso hay que aprovecharlo manteniendo la postura. Si intentamos dar alguna brazada nos puede frenar en seco. No hay que comenzar a nadar hasta que no entendamos que frenamos.
Concluímos el análisis de la técnica. Este gesto es bastante complejo, y entraña ciertos riesgos si no se ejecuta bien y con prudencia. Por eso, más adelante hablaremos sobre como aprenderlo.
Continuaremos …






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