
photo credit: alastairduncan
La caída de las vallas no reporta ninguna ventaja al corredor, ya que la ventaja que consigue si se ha elevado menos del suelo para superarla quizás sea contrarrestada por la incertidumbre que genera el lugar de caída del obstáculo, ya que este puede ser motivo de un nuevo tropiezo, de ahí que la estrategia de competición suele estar dirigida a superar los obstáculos y no a tirarlos.
Sin embargo, la prueba de obstáculos se realiza superando obstáculos fijos, los cuales no pueden derribarse con el contacto del corredor, por lo que un tropiezo con el mismo puede provocar la caída del atleta, la cual es más difícil de resolver para el corredor ya que suele sucederle cuando está muy cansado y con menos reflejos.
Por otro lado, este tipo de obstáculos permite que el atleta se apoye con el pie sobre él al saltarlo, particularidad que aunque puede ralentizar la maniobra, le permite asegurar el franqueo cuando tiene inseguridad en sus propias energías.
Así mismo, esta maniobra de pisar el obstáculo resulta especialmente necesaria cuando tratamos de saltar el obstáculo que precede a la ría de agua.
Porque al pisar sobre el obstáculo podemos impulsarnos a un punto de caída más lejano respecto al obstáculo, lo cual puede ayudarnos a salvar totalmente la ría o al menos la zona más profunda de esta, que está junto al obstáculo.
Caer en la zona profunda de la ría, a parte de frenar en seco el impulso horizontal del corredor para el avance ya que cae al suelo de una manera más vertical, trae consigo que los pies del corredor se hundan totalmente en el agua, lo que provoca que este se frene en seco.
De tal forma que al esfuerzo que tiene que realizar para sacar los pies del agua, hay que añadir otro de aceleración para recuperar su anterior ritmo de desplazamiento, y quien sabe si la distancia perdida con otros competidores que han salvado esta dificultad en mejores condiciones que él.
Seguiremos …





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