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El salto de obstáculos es una de las múltiples aplicaciones prácticas que tiene la habilidad básica del salto, la cual se apoya en el nivel de agilidad que tenga el individuo, ya que requiere para su puesta en práctica una combinación de cualidades físicas (flexibilidad, potencia, coordinación, velocidad), así como psíquicas (mecanismos de percepción y decisión).
Esta habilidad del salto de obstáculos se trabaja de manera específica y como objetivo prioritario en las disciplinas atléticas de carrera con vallas, así como de una manera menos relevante en la carrera de 3.000 metros obstáculos.
En estas especialidades el salto de la valla o del obstáculo son elementos determinantes en el rendimiento de la prueba, tanto como lo pueda ser la misma técnica de carrera, de ahí que la técnica de franqueo de los obstáculos reciba un tratamiento destacado en la preparación del especialista, especialmente en el caso de las carreras de vallas.
En este sentido, ambas especialidades están fundamentadas en correr en el menor tiempo posible una distancia determinada sobre la pista de atletismo, la cual está salpicada de obstáculos que el atleta tiene que superar por arriba para seguir avanzando en su desplazamiento.
Pero existen grandes diferencias estructurales entre cada una de estas pruebas, las cuales impiden que el franqueo de las vallas u obstáculos pueda realizarse de la misma forma en cada uno de los casos.
Así, las carreras de vallas se desarrollan en distancias cortas (entre 60 y 400 metros), de ahí que este tipo de pruebas estén encuadradas en el ámbito de las carreras de velocidad, ya que la actividad se desarrolla en períodos de tiempo muy breves (inferiores al minuto de duración), que permiten al atleta competir a la máxima intensidad.
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